El Tarot es un método desde siempre muy controvertido, que a lo largo de los siglos ha gozado de fieles defensores, así como de acérrimos detractores, y que ha conseguido llegar hasta nuestros días gozando de una relativa popularidad.
Inicialmente debemos aclarar que el término Tarot con el que se conoce la técnica hace referencia concretamente a la baraja de cartas, naipes, utilizada como herramienta básica por aquel que practica el tarot. Podemos encontrar una enorme cantidad de variantes de esta baraja, siendo la conocida como el Tarot de Marsella una de las más populares y extendidas, pero en general la clasificación de las diferentes cartas dentro de la baraja de Tarot es siempre la misma. El Tarot se divide en el Arcano Mayor, con 22 cartas, y el Arcano Menor, que consta de otras 56. El Arcano Mayor está formado por figuras y motivos clásicos de la imaginería medieval; magos, sacerdotes, el diablo, reyes, etc., mientras que el Arcano Menor es muy parecido a lo que encontraríamos en una clásica baraja de cartas española con sus naipes repartidos en 4 palos distintos: bastos, copas, oros, y espadas.
Si buscamos una muy breve y sencilla explicación sobre el método del Tarot podríamos resumirlo en pocas líneas. Se realiza una consulta, se seleccionan determinado número de cartas de la baraja, y se interpreta el resultado. El mecanismo es simple en apariencia, pero es en la interpretación donde precisamente radica la complejidad del método. Y es mediante dicha interpretación que podemos obtener información sobre el pasado, el presente, o incluso el futuro. Se debe tener en cuenta que el Tarot es un arte simbólico y limitado por un número determinado de cartas, por lo que no va a ser factible obtener datos concretos, por ejemplo una fecha, como respuesta.